Omnisciencia 2.0: Del Ojo Divino al Sensor Orbital
De niño, en el colegio católico, había una frase que me generaba una mezcla de consuelo y paranoia: "Dios te ve en todo momento, incluso en la oscuridad". Mi abuela, con su Biblia de los Testigos de Jehová, reforzaba la idea con pasajes sobre un Dios que conoce hasta el número de cabellos en nuestra cabeza. Para ellos, era una cuestión de justicia moral; para mí, hoy, suena a la descripción de un sistema de vigilancia de alta resolución.
La Red de Sensores de "Jehová"
Como ingeniero, cuando leo sobre la capacidad de Dios para observar cada rincón del planeta simultáneamente, no puedo evitar pensar en la infraestructura de red. Para que un ente (divino o humano) pueda monitorear billones de puntos de datos en tiempo real, necesita una arquitectura de sensores sin precedentes.
Lo que antes llamábamos "omnisciencia", hoy lo llamamos telemetría global. Tenemos constelaciones de satélites en órbita baja (LEO) que pueden captar imágenes de centímetros de resolución, sensores de calor, y algoritmos de reconocimiento que procesan metadatos a una velocidad que haría palidecer a los ángeles del registro.
El Salmo 139 en la Era del GPS
"¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?", dice el Salmo. En el siglo XXI, esa pregunta tiene una respuesta técnica: a ningún lado que no tenga cobertura de señal.
La diferencia fundamental es que la vigilancia de mi abuela tenía un propósito ético (el juicio), mientras que nuestra vigilancia moderna tiene un propósito comercial o de control social. Hemos replicado el atributo divino de la ubicuidad mediante la ingeniería, pero sin la brújula moral que la religión intentaba imponer.
Reflexión Final
¿Nos hace más "divinos" tener ojos en el espacio? Ser "medio ateo" me permite apreciar la ironía: negamos la existencia de un Dios que nos vigila desde las nubes, mientras invertimos miles de millones de dólares en construir una red de espejos y lentes que hace exactamente lo mismo.
Quizás la religión no estaba equivocada en la función, solo falló en identificar al administrador del servidor. El "ojo que todo lo ve" ya no está en un triángulo místico, sino en un panel solar orbitando a 27,000 km/h.

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