Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
En las últimas horas, las tendencias de búsqueda revelan un anhelo paradójico: miles de personas están pagando fortunas por viajar a lugares donde no hay señal. Lo que antes era una carencia técnica, hoy se comercializa como un retiro espiritual de élite. Pero, ¿por qué nos aterra tanto la idea de estar localizables y, al mismo tiempo, nos angustia tanto el silencio? La verdadera brújula no apunta al norte magnético, sino al centro de nuestro propio ser cuando el ruido exterior se apaga. La tiranía de la disponibilidades permanente La era digital nos ha robado el "derecho a la ausencia". Hoy, no responder un mensaje en minutos se interpreta como una falta de respeto o una señal de crisis. Esta disponibilidad perpetua está agotando nuestras reservas de asombro y creatividad. Estamos tan ocupados reportando nuestra ubicación al algoritmo que hemos olvidado cómo se siente estar, simplemente, donde nuestros pies tocan el suelo. Como afirmaba el filósofo y matemático Blais...
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